jueves, 16 de abril de 2009

La teoría de la evolución divide también al mundo islámico

Las opiniones van desde la aceptación hasta el rechazo absoluto, según un estudio

La teoría de la evolución ha presentado problemas para los creyentes cristianos occidentales, especialmente en Estados Unidos. Sin embargo, poco sabemos de cómo se acepta esta teoría en los países musulmanes. Estos días, la Universidad McGill de Canadá está celebrando un simposio sobre la cuestión, para tratar de conocer la situación general. Según una de las organizadoras de este simposio, que va aparejado con años de investigación en el tema por parte del Evolution Education Research Centre (EERC) de dicha universidad, en el mundo musulmán no existe una única postura musulmana ante la teoría de la evolución. Hay musulmanes que no ven que exista conflicto alguno entre ésta y su fe, mientras que otros la rechazan de pleno. En cuanto a su enseñanza en las escuelas y centros educativos, las investigaciones han revelado que la evolución forma parte de la programación de ciencias que se imparte en los institutos, con reflejo en los libros de texto, en gran parte de los países islámicos.

¿Qué se piensa acerca de la evolución en las sociedades islámicas? ¿Cómo entienden los estudiantes musulmanes, sus padres y sus profesores la ciencia evolucionista, en relación con sus creencias religiosas?

A estas preguntas se intenta responder estos días en la Universidad McGill de Canadá, en el Simposio McGill sobre Islam y Evolución organizado por el Evolution Education Research Centre (EERC), y celebrado en el Museo Redpath de dicha universidad.

Desde el año 2005, el EERC investiga esta cuestión, en parte con el patrocinio del Concilio de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades (SSHCRC) de Canadá. A cargo del proyecto trabajan, los especialistas Brian Alters, de la Universidad McGill, Anila Asghar, de la Universidad John Hopkins, y Jason Wiles, de la Universidad de Syracuse.

Venidos de distintos países, expertos en estudios religiosos e islámicos, en educación científica y en evolución biológica discuten los días 30 y 31 de marzo sobre las relaciones entre Islam y la ciencia evolutiva.

Musulmanes y ciencia moderna

El objetivo: contribuir a fomentar un diálogo más amplio y una mayor comprensión sobre este tema en Occidente, dado que el Islam es la segunda religión más extendida del mundo, y la que más rápidamente está creciendo en Canadá y otros países occidentales.

Se ha estimado, además, que esta tendencia a la expansión continuará, y que el Islam puede llegar a convertirse en la religión más popular del mundo a mediados del siglo XXI.

El EERC ha recogido datos de gran cantidad de países con población musulmana, como Canadá, Turquía, Pakistán, Egipto, Líbano e Indonesia, y sus resultados están siendo presentados estos días, así como las implicaciones que para toda esta población tiene la existencia de la teoría evolutiva en relación con su fe.

Según declaraciones de Brian Alters, lo que se intenta comprender es “cuál es la intersección entre musulmanes y ciencia moderna”.

Diversos puntos de vista

La Universidad McGill publica a este respecto una entrevista con la profesora Anila Asghar, miembro del proyecto, en la que la especialista explica que no existe una única postura musulmana ante la teoría de la evolución.

Las respuestas popular e intelectual a la evolución reflejan, según ella, un amplio espectro de puntos de vista que van desde el rechazo total a la aceptación total de la evolución. Mientras muchos musulmanes rechazan esta teoría, otros se sienten capaces de conciliar la ciencia con sus creencias religiosas.

Asghar pone el ejemplo de uno de los participantes en el simposio, el profesor Ehab Abouheif, director del Abouheif Lab de la Universidad McGill, en el que se estudia la biología evolutiva. Según Abouheif, “mis actividades científicas cotidianas, centradas en la investigación del funcionamiento de la evolución, no entran en conflicto con mis actividades espirituales diarias como musulmán… Creo firmemente que se puede creer en una biología evolutiva sin comprometer la fe musulmana”.

Por otro lado Asghar señala que los científicos que viven y trabajan en los países de religión islámica, aparentemente aceptan el concepto de evolución. “Las Academias Científicas de diversos países musulmanes (Egipto, Pakistán, Marruecos, Palestina, Irán, Indonesia y Turquía) firmaron recientemente una declaración que proclamaba la evolución como un hecho basado en la evidencia”.

No obstante, afirma Asghar, los científicos musulmanes tiende a conciliar la teoría evolutiva con sus creencias religiosas de diversas formas.

Evolución en las escuelas del mundo islámico

A la pregunta de si el creacionismo islámico es el mismo que el creacionismo judeo-cristiano que conocemos en Occidente, Asghar responde que entre ambos existen ciertas similitudes, pero también importantes diferencias.

Por ejemplo, el creacionismo musulmán no insiste en que la Tierra tenga sólo 6.000 años, como proclaman los creacionistas de la Tierra Joven de Norteamérica (estos creacionistas defienden que nuestro planeta fue creado por Dios hace 6.000 años, tal como lo describe el Calendario de Ussher-Lightfoot. Por eso, las teorías científicas del Universo y la astronomía no están incluidas en esa ideología).

En lo que se refiere a la evolución como materia a enseñar en las escuelas de los países islámicos, la doctora Asghar afirma que a menudo la evolución forma parte de la programación de ciencias que se imparte en los institutos, con reflejo en los libros de textos de los países musulmanes.

Según ella, la investigación llevada a cabo al respecto en los últimos tres años apunta a que la evolución no se estudia en los centros educativos de estos países sólo como parte de una asignatura, sino que también va implícita en las ideas y actitudes hacia la evolución mantenidas por estudiantes y profesores de diversas culturas y naciones de fe predominantemente musulmana.


Fuente: Tendencias21.com
Autor: Yaiza Martínez, es una poeta y narradora de España, licenciada en Filología hispánica. Es redactora jefe de la Revista de Ciencia y Humanidades Tendencias21.

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martes, 31 de marzo de 2009

Texas dice no al creacionismo, pero sí al Diseño Inteligente

Las enmiendas a los estándares de educación "abren una ventana" y pueden extenderse a otros Estados.
La Junta de Educación del Estado de Texas (EEUU) rechazó el viernes una propuesta que pretendía introducir la enseñanza del creacionismo como alternativa a la evolución en las clases de ciencias. Sin embargo, el éxito para el rigor científico en las escuelas tejanas es sólo parcial. Aunque se desestimó el cambio general en los estándares educativos que pretendía introducir la discusión sobre las "fortalezas y debilidades" de la teoría de la evolución, las enmiendas aprobadas dejan vías abiertas al Diseño Inteligente (DI), una versión remozada del creacionismo.

"Es como si cerrasen la puerta a las fortalezas y debilidades, pero después corriesen alrededor de la casa para abrir ventanas y dejarlo entrar de otras maneras", declaró a New Scientist Dan Quinn, de Texas Freedom Network, una organización de líderes civiles y religiosos que actúa como observatorio de los movimientos de la "derecha religiosa" del Estado. Según Quinn, las enmiendas reemplazan la vaguedad de las "fortalezas y debilidades" por una hoja de ruta específica sobre varias cuestiones.

En concreto, las enmiendas aprobadas instan a los alumnos a "analizar y evaluar las explicaciones científicas sobre la complejidad de la célula", un argumento clásico del DI. Otra enmienda siembra escepticismo sobre la interpretación del registro fósil. Tampoco se escapa el cambio climático, sobre el que se invita a los estudiantes a analizar "distintas visiones".

En el apartado de ciencia espacial, se ha eliminado de los estándares la afirmación de que el universo tiene 14.000 millones de años, animando a discutir otras teorías. "Es un intento de presentar la ciencia como tentativa y vaga", dijo Quinn.

El efecto dominó

Varios Estados de la primera potencia científica mundial se encuentran sumidos en el mismo debate que se libra en Texas. Las denominadas “leyes de libertad académica”, que quieren equiparar la pseudociencia a la ciencia, pugnan por abrirse hueco.

Los expertos advierten de las posibles repercusiones de lo aprobado en Texas. Por ley, las editoriales deberán cambiar sus textos para adecuarlos a los estándares. Muchas de ellas no podrán permitirse la edición de diferentes versiones y quizá distribuyan estos libros en otros Estados.

Fuente: Publico.es
Fotografia: Triceratops con silla de montar en el Museo de la Creación / Wikipedia.com

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martes, 17 de marzo de 2009

El creacionismo se abre paso en Europa, a pesar del rechazo del Consejo de Europa

El Consejo de Europa contra el creacionismo*


Dios creó el mundo y sobre él todas las cosas, creen los creacionistas. La propagación de estas ideas supone un peligro, opina el Consejo de Europa en una resolución, para los niños, la democracia y los derechos humanos.

“En el principio, Dios creó los cielos y la Tierra. La Tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas cubrían el abismo, y el Espíritu de Dios iba y venía sobre la superficie de las aguas. Y dijo Dios: '¡Hágase la luz!' Y la luz se hizo.”

Así comienza, para quienes defienden el creacionismo, la verdadera historia del Hombre. Como la raíz latina de la que se deriva su nombre, creare, los seguidores de esta ideología rechazan la teoría de la evolución: Dios creó el mundo en seis días, tal y como narra la Biblia.

Con 48 votos a favor y 25 en contra, el Consejo de Europa ha condenado la extensión de los principios creacionistas en las escuelas europeas.

En las escuelas de Europa

“Algunas personas piensan que este fenómeno sólo afecta a Estados Unidos […] y por lo tanto no es tarea del Consejo de Europa ocuparse de esta cuestión. No es ese el caso. Todo lo contrario: es de crucial importancia que nuestros 47 miembros tomen las precauciones necesarias”, escribe el socialista francés Guy Lengagne en el informe presentado al Consejo.

“Y dijo Dios: 'Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y tenga dominio sobre los peces del mar, las aves del cielo, el ganado, y sobre todo animal que se desplaza sobre la tierra'."

Los creacionistas no creen en la selección natural, sino en una selección divina de la que el diluvio universal es un ejemplo. Existen demasiadas especies y éstas son demasiado diversas para que la explicación de Darwin sea factible, opinan. Sólo un dios puede ser responsable de un mundo tan complejo.

Ciertamente, el creacionismo tiene su origen en Estados Unidos y en este país se concentran la mayor parte de sus seguidores. Sin embargo, Lengagne y su colaboradora, la parlamentaria liberal Anne Brassuer, han descubierto, y enumerado por países, casos en los que la corriente religiosa ha alcanzado a centros de estudio europeos, como a varias escuelas en el Estado alemán de Hesse o algunos libros difundidos en la Universidad de Barcelona.

Ciencia por religión

“Dijo además Jehovah Dios: 'No es bueno que el hombre esté solo, le haré una ayuda idónea' […] y de la costilla que Jehovah Dios tomó del hombre, hizo a la mujer.”
Sin embargo, no sólo la vertiente religiosa preocupa al gremio europeo. “Si no tenemos cuidado, el creacionismo puede convertirse en un peligro para los derechos humanos”, dice la resolución, “la lucha contra las teorías evolutivas y quienes las combaten proceden del extremismo religioso y están estrechamente relacionados con movimientos políticos de extrema derecha”.

“La negación de las teorías evolutivas puede observarse cada vez con más frecuencia en el sistema educativo. Los creacionistas quieren que sus ideas formen parte del saber impartido en las clases de ciencias naturales”, se lee en la resolución aprobada, “el Consejo de Europa hace un llamamiento a combatir el creacionismo en las escuelas y a que los conocimientos científicos sean transmitidos de un modo más sencillo y atractivo”: es el apelativo.

Existen diversas ramificaciones dentro del creacionismo, pero en principio todas ellas son contrarias a la estricta separación entre religión y ciencia. La religión, en tanto que narración verdadera y fidedigna de los hechos, es para los creacionistas la única ciencia posible. El principio asusta al Consejo: “los maestros creacionistas pueden generar en las mentes de los niños una peligrosa mezcla entre religión y creencias, por un lado, y ciencia por el otro”, advierte el documento.

El creacionismo original procede del cristianismo. Por lo general, sus seguidores son protestantes extremadamente ortodoxos, pero también entre los musulmanes hay creacionistas y, como ha comprobado el Consejo, las escuelas turcas no escapan a su influencia.

El creacionismo y la extrema derecha

"El creacionismo tiene poder político", y representa una amenaza para la democracia porque desearía verla sustituida por un sistema teocrático.

Enumerados todos estos motivos, y muchos más en el largo informe de Lengagne y Brassuer, el Consejo de Europa ha logrado sacar adelante una condena que en junio frustró por la oposición de los cristianodemócratas al anterior borrador. También de este grupo proceden ahora los votos en contra. “Prohibir estas teorías es el camino equivocado. Discutirlas sería mucho más efectivo”, opina el conservador alemán Axel Fischer.

“El séptimo día, Dios había terminado su obra, y descansó.”

El creacionismo busca abrirse paso en Europa**

El creacionismo no se limita a las fronteras estadounidenses ni es promovido exclusivamente por sectores católicos conservadores. La preocupación europea por este fenómeno data de 2007, mucho antes del Año de Darwin.

Las preocupaciones europeas respecto a versiones alternativas de la evolución, como pueden ser el creacionismo o el llamado “diseño inteligente” no están relacionadas con las celebraciones de 2009 como Año de Darwin. Para ser precisos, fue el 8 de junio de 2007 cuando la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa manifestó detallado interés por estos fenómenos al expedir el documento “Los peligros del creacionismo en la educación”.

Un fenómeno europeo

El reporte parte de una premisa fundamental: el creacionismo, dice, “fue por mucho tiempo un fenómeno casi exclusivamente estadounidense. Hoy, las teorías creacionistas encuentran vía libre en Europa y su expansión afecta a muchos Estados miembros del Consejo de Europa”.

Comúnmente se achaca la proliferación de estas ideas a los sectores más tradicionales de la Iglesia Católica. En el caso de Europa, una de las ramificaciones creacionistas no tiene dicha raíz, sino otra muy distinta: la obra del predicador islámico turco Harun Yahya (Adnan Oktar).

En 2006, éste publicó el llamado Atlas de la Creación, donde intenta refutar el darwinismo en una obra de 772 páginas. A principios de 2007, según el Consejo de Europa, “Yahya lanzó una ofensiva orientada a la distribución masiva de sus obras en Europa y en todo el mundo”.

Por lo menos en lo que se refiere a Turquía, la iniciativa parece tener éxito: 75 por ciento de los estudiantes de educación secundaria en ese país dudan de la teoría evolucionista de Carlos Darwin.

La obra de Yahya llegó a Francia en 2007. Las autoridades encargadas de la educación en esea nación emitieron un análisis al respecto. En él consideraron que el libro del predicador turco “es mucho más peligrroso que las iniciativas creacionistas previas, las cuales usualmente tenían origen anglosajón”.

Los jóvenes desconocen a Darwin

En Suiza, la viceministra de Educación del cantón de Ginebra, Jacqueline Horneffer, afirmó que “el libro no corresponde a las teorías científicas actuales: no cumple con el principio de separación de la educación secular y la religiosa”. Otros grupos como la asociación ProGenesis trabajan desde otros flancos para difundir las teorías creacionistas en territorio suizo.

Las teorías creacionistas parecen sacar provecho de la falta de información entre la juventud europea acerca de la obra darwiniana. Un sondeo llevado a cabo en Bélgica dio como resultado que “gran porcentaje de los estudiantes afirman que no tienen ninguna referencia a la obra de Carlos Darwin, pese a que ésta forma parte de los planes de estudio”.

En Polonia, el por entonces viceministro de Educación, el ultraconservador Miroslaw Orzechowski, afirmó en 2006 que “la teoría de la evolución es una mentira, un error que ha sido legitimado como verdad absoluta”; además, dijo que “no debemos enseñar mentiras, así como no debemos enseñar el mal en lugar del bien y la aberración en lugar de la belleza”.

Coexistencia necesaria

En Rusia, una joven de 16 años entabló junto con su padre un juicio contra el Estado por considerar que los libros de texto contienen una versión de la evolución incompatible con sus creencias religiosas. El Consejo de Europa señala que las demandas fueron apoyadas por la Iglesia Ortodoxa rusa.

Alemania no ha escapado a la expansión del creacionismo en Europa. En el estado federado de Hesse, estas teorías se incorporaron a los planes de estudio en algunas escuelas privadas. Esto provocó protestas de padres de familia, pero el ministerio de Educación de esa demarcación consideró que no había irregularidad que justificara su intervención.

De acuerdo con el semanario Der Spiegel, uno de cada cinco alemanes rechaza la teoría darwiniana de la evolución.

En todo caso, el Consejo de Europa señala que “la ciencia y la religión deben ser capaces de coexistir. No se trata de oponer la ciencia a la creencia, pero es necesario prevenir que la religión se oponga al conocimiento científico”.


*Fuente: Deutsche Welle /05 octubre de 2007
Autor: Luna Bolívar Manaut
**Fuente: Deutsche Welle / 24 febrero de 2009

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lunes, 2 de marzo de 2009

Ideas sobre los orígenes siguen cambiando dos siglos después de Darwin

Para algunos cristianos, la celebración de este año del bicentenario del nacimiento de Charles Darwin honra sus contribuciones a la ciencia y la educación. Para otros, el aniversario podría representar un recordatorio de que sus teorías parecen amenazar el relato bíblico de la creación.

El famoso científico británico, autor de "El origen de las especies", es considerado el pionero de la teoría de la evolución por medio de la selección natural.

Nacido el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, Inglaterra, Darwin estudio inicialmente teología antes de realizar su famosa travesía en el H.M.S. Beagle. Durante ese viaje de cinco años de duración, las observaciones y los datos de Darwin comenzaron el tren de pensamiento que eventualmente produjo "El origen de las especies".

Los conceptos del origen de la vida que surgieron de los escritos de Darwin indicaron que la ciencia estaba enfrentada con la religión, dijo Kwebena Donkor, director asociado del Instituto de Investigaciones Bíblicas de la Iglesia Adventista.

"A veces la gente piensa que el evolucionismo es solo ciencia y el creacionismo solo fe, pero no es así", dijo Donkor. "El evolucionismo no es una ciencia física donde uno puede observar datos y desarrollar una hipótesis para explicar lo que se ha observado".

En efecto, dice Donkor, el evolucionismo no es más ciencia física que la ciencia teológica.

"Lo que es en realidad es una ciencia histórica", dijo Donkor, "donde se hacen conjeturas y suposiciones, esperando que la explicación que uno está dando de un determinado fenómeno sea la correcta".

Earl Aagaard, profesor de biología de la Universidad Adventista Southern, en Collegedale, Tennessee, Estados Unidos, siente también que la fuente de contención se encuentra en la especulación histórica.

"Los cristianos en general y los adventistas en particular tienen muy pocas dificultades con los hallazgos empíricos de la ciencia", dice Aagard. "Las disputas entre los teístas y los no teístas, así como las luchas entre ellos, se basan en el aspecto histórico de las cosas (en la arqueología, la paleontología, la geología, etc.), donde el procedimiento consiste en recolectar datos y entonces contar una historia para explicarlos".

A pesar de la encendida controversia entre los creacionistas y los evolucionistas, las contribuciones de Darwin al avance de la ciencia son considerables, dice Aagard.

"El concepto de la microevolución surgió de los escritos de Darwin y esto ha eliminado la difundida (y casi con seguridad equivocada) perspectiva cristiana del pasado que veía a las especies como fijas desde el momento de la creación, dice.

Y más allá de sus intenciones, los descubrimientos de Darwin han ayudado a afirmar la fe Cristiana en la capacidad de Dios de sustentar su creación, agrega Aagard.

"La selección natural, combinada con los últimos descubrimientos en el campo de la genética, ha dejado en claro de qué manera diseñó Dios las diversas poblaciones de vida vegetal y animal para que cambien a lo largo del tiempo a medida que las condiciones sobre esta tierra cambiaban", dice Aagard. "Si las poblaciones fueran incapaces de 'evolucionar' en respuesta a los cambios hacia climas, por ejemplo, más secos o más fríos, o si no pudieran adoptar cualquier otro de los cambios que se han producido, entonces el resultado probable sería la extinción total".

La Iglesia Adventista de Gran Bretaña está poniendo al aire el programa "Una revisión a Darwin", donde cuatro científicos analizan la fe cristiana y la forma en que esta se relaciona con la ciencia, la razón y la teoría de la evolución.

Si desea ver los horarios de transmisión, visite el "Hope Channel UK". El sitio web de la Iglesia Adventista en Gran Bretaña también presenta más información sobre las perspectivas cristianas sobre los orígenes.

En el debate entre creación y evolución, en último término un cristiano tiene que aceptar que no es posible tener todas las respuestas, dijo Donkor.

"He llegado a la conclusión de que no tengo que ser capaz de explicar todo para ser cristiano. Siento que estoy mejor posicionado con la inspiración que tan solo siguiendo conjeturas humanas".

Fuente: ANN / Adevntists News Network

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domingo, 22 de febrero de 2009

El mito de una fe progresiva. Por Clifford Goldstein

De acuerdo con la primera plana del Washington Post, los científicos han determinado el orden de los 34 millones de “letras” químicas que forman parte del código genético de un solo cromosoma humano.
Ahora, quizá mis caminos neutrales hayan crecido en demasía por las ramificaciones del creacionismo bíblico, pero algo como 34 millones de letras químicas en un solo cromosoma humano (para no mencionar los 1.600 millones de letras en los 46 cromosomas: ¡por célula!) no me habla acerca de ciencia o genética, sino de mitología.

Nadie, por supuesto, cree (tiempo presente) en mitos. Los antiguos egipcios no construyeron sus grandes pirámides por causa de mitos acerca de la vida después de la muerte. Ellos creían sus historias. Y millones hoy no han rechazado la creación bíblica por mitos acerca de la selección natural, la macroevolución y la supervivencia del más apto. Ellos creen sus historias.

Un mito no es algo en lo que uno cree. Llegan a ser mitos una vez que ya no se cree más en ellos. La verdad, por el otro lado, es lo que permanece incluso después de dejar de creer en ella.

Hechos como 34 millones de piezas de información en un solo cromosoma humano (y otros como este) me hacen preguntarme: ¿será la evolución muy prontamente degradada al nivel de mito (tal como lo fueron Quetzalcóatl, el mundo subterráneo egipcio y Zeus)? El físico Roger Penrose, difícilmente un creacionista bíblico, dijo que las probabilidades de que un universo ordenado como el nuestro se haya desarrollado por casualidad es de 1 en 10 a la 10 o a la 30 potencia (un número mayor que el número de partículas atómicas que se cree que existen en el universo conocido). Obviamente, entonces, los romanos tenían más razones lógicas para creer en el nacimiento de Minerva de la materia gris de Júpiter, que las que tienen nuestros contemporáneos para creer en el surgimiento de la humanidad a partir de las mutaciones y la selección natural propuestos por Darwin.

¿Y esa fábula, por ejemplo, que nos quieren hacer creer los evolucionistas con respecto al corazón humano, que late enviando sangre vivificante a los 120 billones de células del cuerpo? Recuerden, el corazón no puede trabajar más que unos pocos minutos sin que la sangre supla sus propias necesidades; cuando el flujo de sangre se detiene, lo hace el corazón. ¿Correcto? Por lo tanto, ¿cómo pudo el corazón sobrevivir a todos esos largos y fríos millones de años antes de que la sangre evolucionara en algo que pudiera mantenerlo vivo para que este pudiera bombear sangre para sí mismo?

No sólo el corazón no puede existir sin la sangre: el corazón bombea sangre a los huesos, que fabrican los glóbulos rojos, y los glóbulos rojos transportan el oxígeno que el corazón necesita para sobrevivir. La pregunta es: ¿cómo sobrevivieron los huesos todos estos millones de años antes de evolucionar finalmente en una fábrica de glóbulos rojos, cuando los mismos huesos necesitan los glóbulos rojos para existir? Los huesos no pueden existir sin los glóbulos rojos que ellos mismos fabrican. Uno necesita un mito más increíble que el nacimiento de Minerva para explicar cómo algo crea la misma cosa que necesita para existir.

Tenemos ese mito. Se llama evolución.

Sin embargo, lo más increíble con respecto a los mitos es la predisposición que tienen las personas a creerlos. Algunos cristianos exhiben una “fe progresiva” al incorporar la evolución en su, ¡ejem!, cristianismo. La historia bíblica está repleta de los frutos de esa “fe progresiva”. El antiguo Israel “progresó” más allá de Moisés y los profetas, justo hacia los mitos de Baal, Moloc, el dualismo griego (la inmortalidad del alma) y, eventualmente, hacia la adoración romana del sol. Quienes combinan el mito de la evolución con la fe de Jesús son, de hecho, nada menos que versiones del siglo XXI de los antiguos israelitas, que mezclaban la sangre de sus hijos con sus ofrendas por el pecado a Yahweh.

Todos necesitamos creer en algo. Algunos eligen la evolución como la fuente de sus 34 millones de bites de información por cromosoma; otros eligen a Jesús, quien —de acuerdo con la Biblia— creó a la humanidad en un día.

El mito mayor, sin embargo, es creer que podemos escoger a ambos.


Fuente: Revista Adventista, abril 2003, p. 8
Autor: Clifford Goldstein, autor prolífico. Editor de la Guia de estudio para adultos para la Escuela Sabática. Desde 1992 hasta 1997, fue redactor de ‘Liberty’, y 1984-1992, editor del Shabat Shalom. El tiene M.A. in Ancient Northwest Semitic Languages de la Johns Hopkins University (1992). Es autor de unos 18 libros, los más reciente son "God, Godel, and Grace" y "Graffiti in the Holy of Holies".

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martes, 17 de febrero de 2009

Las diferencias entre el genoma humano y el de los chimpancés es diez veces superior de lo que se creía

Las diferencias entre el genoma humano y el de los chimpancés son diez veces mayores de lo que se creía, según un estudio de un equipo internacional de investigadores, que permitirá cuantificar mejor la separación entre especies y establecer el momento de la evolución en que ésta se produjo.

Los autores del estudio -que la revista Nature publicará esta semana en su número dedicado al 200 aniversario del nacimiento de Darwin- explican que en la última década se había aceptado que las secuencias de ADN de hombres y chimpancés, los parientes vivos más cercanos de los humanos, sólo diferían un 1,24%.

La investigación, en la que han participado dos científicos españoles del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), demuestra que ese porcentaje es incorrecto y que puede ser hasta diez veces superior.

El investigador Tomàs Marquès-Bonet, del IBE, ha coordinado este equipo internacional, dirigido por Evan E. Eichler, de la Universidad de Washington (EEUU), junto a Arcadi Navarro (ICREA-IBE).

Navarro ha recalcado en declaraciones a Efe que las diferencias detectadas ahora no son puntuales sino "elementos funcionales, genes completos que unas especies tienen y otras no".

La clave de este descubrimiento ha sido el estudio de las llamadas duplicaciones segmentales, fragmentos de ADN repetidos a lo largo del genoma, que hasta hace poco tiempo eran difíciles de distinguir por lo que no se tenían en cuenta, y se optaban por estudiar los genomas más fáciles de individualizar.

Como si fuésemos ediciones de un mismo libro

"Se sabía que existían pero eran difíciles de estudiar, los científicos buscamos donde nuestro conocimiento y la tecnología permite", argumenta Navarro para explicar este giro en las investigaciones genómicas.

Ha sido el estudio de las duplicaciones de todo el genoma de cuatro especies de primates -macacos, orangutanes, chimpancés y humanos- lo que ha permitido este avance con el que se ha elaborado el primer catálogo específico de las regiones del genoma.

Estas regiones ofrecen novedades evolutivas, equivalentes a los cambios que se dan en las diferentes ediciones de un mismo libro.

Las diferencias son "radicales" en la biblioteca de cada especie: colecciones completas de libros que unos organismos tienen y otros no, es decir, únicas para cada especie.

Las duplicaciones segmentales son fragmentos del genoma que debido a mecanismos moleculares muy complejos, en determinados momentos de la evolución, se hicieron múltiples copias que se fueron insertando en diversos lugares del genoma.

Como las duplicaciones pueden ser grandes, llegan a contener genes completos y sus copias, que en principio son idénticas y pueden irse "especializando" hasta hacerse diferentes unas de otras y realizar funciones exclusivas de la especie que los posee.

Un "océano de diferencias"

Marquès y Navarro explican que las duplicaciones predisponen al genoma a reorganizarse: construcciones diferentes con las mismas piezas, "como si se tratara de un Lego", lo que puede generar enfermedades del tipo del autismo o la esquizofrenia.

No obstante, indican que la duplicación no es sinónimo de anomalía sino de variación, que puede ser favorecida por la selección natural o acabar resultando patológica.

Hace entre ocho y doce millones de años que se produjo la época con mayor número de duplicación de genes, justo antes de la separación de los linajes de humanos y chimpancés, ocurrida hace unos seis millones de años.

Desde entonces, estos nuevos genes han adquirido características propias que separan evolutivamente al hombre y al chimpancé, y gracias a esta mutación los humanos lograron adaptarse a su entorno, un "océano de diferencias" donde hay que buscar los "genes de humanidad" que provocan también sus propias enfermedades.

"Hay que estudiar a fondo estas diferencias, base genética de muchas características especie-específicas, y elementos interesantes desde el punto de vista humanístico y evolutivo: la capacidad que tenemos de resolver problemas, pero también de algunas patologías, ya que no sabemos por qué no hay chimpancés con esclerosis múltiple, que es una enfermedad específica de los humanos", afirma Navarro.

El estudio permitirá también investigar cuáles son las regiones del genoma que difieren entre individuos de una misma especie y estudiar con detalle algunos casos concretos.

Fuente: CadenaSer.com / EFE

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